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Aniversario del hospital

El hospital Nacional Dr. Baldomero Sommer cumple 75 años. El nosocomio que originalmente era para enfermos del mal de Hansen, la denominada Lepra, hoy es un hospital polivalente. 


Colonia Buenos Aires, como se llamó originalmente al actual Hospital Nacional Dr. Baldomero Sommer, se construyó en una fracción de campo de 275 hectáreas, ubicada en el Cuartel IV del Partido de General Rodríguez. Esas tierras, pertenecientes a la familia Fonseca, se compraron a través de una subasta pública del Banco Hipotecario Nacional. En marzo de 1934 el Dr. José J. Puente e Ingeniero Moy tomaron posesión de la misma y se inició su construcción en febrero de 1937. Se inauguró el 21 de noviembre de 1941 y fue el que más movimiento de opiniones suscitó, debido a la oposición de vecinos y autoridades municipales por el temor que tenían de la enfermedad.

En el momento de su inauguración se alojaron 800 enfermos, la mayoría proveniente del Hospital Muñiz confinados y hacinados en la llamada entonces, "Casa de Aislamiento". El cambio fue muy grande para todos ellos. Además de los pabellones de internación, su nuevo alojamiento contaba con calles, plaza, templo, sala de espectáculos, escuela, viviendas individuales y colectivas, talleres, carpintería, biblioteca, frigorífico, etc.

Aquello, sin embargo, no modificaba el hecho que esa población inicial, se componía de individuos desarraigados de sus hogares, para cumplir con la ley que obligaba al aislamiento de los enfermos, como único método de cuidado y prevención. Constituían una comunidad cerrada que tenía como denominador común el padecimiento de una enfermedad, con implicancias psicológicas, sociales y económicas que los llevó a constituirse en un grupo cuyos miembros trataron de neutralizar los inconvenientes de la enfermedad, obteniendo compensaciones ante dicha situación.

La enfermedad se convirtió en un factor común aglutinante de los pacientes en la colonia. Crearon por su propia iniciativa una Asociación de Internados, cuyos integrantes, a través de su comisión directiva y subcomisiones, se ocuparon (hasta en la actualidad) de múltiples actividades: la distribución del trabajo en la zona infecta; la atención de los talleres, aves, animales destinados a cría y trabajo; administración del almacén; la compra y distribución de artículos requeridos por los enfermos; todo bajo la supervisión de las autoridades de la colonia.
Por otra parte, esa cohesión también fue el motor que los llevó a manifestarse en la lucha por la obtención de reivindicaciones, como la del decreto del Poder Ejecutivo de 1946, por el que se les otorgó una asignación monetaria por su trabajo denominado "peculio", parte del cual destinaban a su familia.

Sin embargo, no pocas fueron las dificultades en los primeros tiempos de organización: " la falta de camino pavimentado, las intensas heladas del invierno y las extremas sequías de verano han impedido obtener éxito en los cultivos y plantaciones. La carencia de locomoción para trasladar el personal técnico hasta el establecimiento originó dificultades en el cumplimiento de los servicios médicos, comentaba en el informe de su primer año de gestión, el primer director, Dr. Ceballos Reyes.

Los enfermos vivían en libertad dentro de ciertas restricciones, en una comunidad donde no eran discriminados por sus pares y donde tenían la ilusión de no estar recluidos. Sin embargo tenían en realidad innumerables límites: aislamiento, separación de los hijos de padres enfermos. Muchos de ellos eran trasladados a preventorios de reclusión forzada, con medidas disciplinarias de las que dan fe, las marcas en el suelo de los alambrados que separaban las áreas de enfermos y sanos y los antiguos parlatorios hoy convertidos en sitios de recreación

El hospital Nacional Baldomero Sommer posee actualmente, instalaciones remodeladas y otras de reciente construcción para la atención de diferentes especialidades por consultorios externos y una dotación de 820 camas para la internación de lepra y otras patologías.

La historia del Hospital Nacional Baldomero Sommer es la de la evolución del concepto de lepra en el mundo y particularmente en la Argentina, historia que refleja, tanto las vicisitudes y dificultades de los primeros padres de la leprología argentina, para lograr la concreción de lo que en su momento fue el único medio disponible para el control de la enfermedad, como así también, la lucha de sus sucesores para cambiar los antiguos prejuicios y estrategias de atención, a la luz de los nuevos conocimientos científicos, pero especialmente, en pos de una medicina más humanizada, en la que lo físico, social y psicológico están indisolublemente ligados.